sábado, 31 de marzo de 2007
Inventario Juvenil 98.
Inventario Juvenil
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Alfredo Godínez

Las 100 novelas en español más importantes en 25 años.


En su más reciente edición la revista colombiana Semana consultó a 81 expertos entre los que se encuentran escritores, editores y críticos literarios, todos ellos iberoamericanos, el fin era encontrar lista con las 100 mejores novelas escritas en lengua castellana a partir de 1982. La novela que se situó en el primer lugar fue El amor en los tiempos del cólera del festejado Gabriel García Márquez. Tras la obra del Gabo se ubicó La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa, seguida por Los detectives salvajes y 2666 de Roberto Bolaño, y Noticias del Imperio de Fernando del Paso. A las anteriores les siguen Corazón tan blanco de Javier Marías, Bartleby y Compañía de Enrique Vila-Matas; Santa Evita del Tomás Eloy Martínez y Mañana en la batalla piensa en mí, también de Marías. También figuran El testigo de Juan Villoro, Salón de belleza de Mario Bellatin, Mal de amores de Ángeles Mastretta y Los años con Laura Díaz de Carlos Fuentes. Además están El arte de la fuga de Sergio Pitol, Diablo guardián de Xavier Velasco, La otra mano de Lepanto de Carmen Boullosa, La silla del Águila de Fuentes, La guerra de Galio de Héctor Aguilar Carmín y Arráncame la vida de Mastretta.

Fragmento del discurso del Gabo en Cartagena Indias.

Ni en el más delirante de mis sueños en los días en que escribía Cien años de soledad llegue a imaginar en asistir a este acto para sustentar la edición de un millón de ejemplares. Pensar que un millón de personas pudieran leer algo escrito en la soledad de mi cuarto con 28 letras del alfabeto y dos dedos como todo arsenal parecería a todas luces una locura, hoy las academias de la lengua lo hacen con un gesto hacia una novela que ha pasado ante los ojos de cincuenta veces un millón de lectores y ante un artesano insomne como yo, que no sale de la sorpresa por todo lo que le ha sucedido. Pero no se trata de un reconocimiento a un escritor.
Este milagro es la demostración irrefutable de que hay una cantidad enorme de personas dispuestas a leer historia en lengua castellana y, por lo tanto, un millón de ejemplares de Cien años de soledad no son un millón de homenajes a un escritor que hoy recibe sonrojado el primer libro de este tiraje descomunal. Es la demostración de que hay lectores en lengua castellana hambrientos de este alimento. No sé a que horas sucedió todo; sólo sé que desde que tenía 17 años y hasta la mañana de hoy, no he hecho cosa distinta que levantarme todo los días temprano y sentarme ante un teclado para llenar una página en blanco o una pantalla de computador con la única misión de escribir una historia aún no contada por nadie que le haga más feliz la vida a un lector inexistente. En mi rutina de escribir nada ha cambiado desde entonces. [...]
Los lectores de Cien años de soledad son hoy una comunidad que si se uniera en una misma tierra sería uno de los 20 países más poblados del mundo. No se trata de una afirmación pretenciosa. Quiero apenas mostrar que hay una gigantesca cantidad de personas que han demostrado con su hábito de lectura que tienen un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano. El desafío es para todos los escritores, poetas, narradores para alimentar esa sed y multiplicar esa muchedumbre razón de ser de nosotros mismos.

Muertos que no hacen ruido (borrador/fragmento)

Así comienza el cuento: encima de la tierra, negra y anegada como una piel sin cuerpo, cae nuevamente el agua. Tres días con lluvia han borrado toda forma conocida de medir el tiempo: la mañanas y las noches no existen, sólo el torrente inmisericorde, el cielo negro cubierto por una nata lechosa que en nada se parece a la neblina. Han traído los cuerpos y dos hombres se afanan en cavar un agujero, tienen las piernas hundidas en el barro. Pasa como si huyera una bandada de cuervos, parecen tener prisa, quieren irse, piensa Elías. De no ser por su presencia nadie recordaría el incidente: los hombres demasiado cansados en su tarea, desean terminar pronto y olvidarse también de lo ocurrido. Él, en cambio, lo tendrá presente todos y cada uno de sus días. Tiene seis años, es sordo y los demás lo creen idiota. Por eso lo dejan merodear, como si no existiera. Un rayo rompe en dos el cielo, baña de luz por un instante el claro del penal en donde los aprendices de sepultureros, por unos pesos, entierran a unos desdichados cuyo nombre desaparecerá hoy mismo de los registros del lugar. Fueron nada. Polvo serán (…).

El anterior texto es de mi apreciado Pedro Ángel Palou que este miércoles 28 de marzo ha agregado un año más a su vida. Y este texto es como parte de una tradición que él tiene de escribir un poema con motivo de su cumpleaños, a falta de no tenerlo, publicó esto.

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posted by Alfredo Godínez at 02:07 | Permalink | 1 comments
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