jueves, 22 de noviembre de 2007
La Fuga re-inventada (Diario Intolerencia-Cultura-22/11/07)
Buenos lectores
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Leer, escuchar música, montar una obra de teatro o ver una película es un oficio, pues como dice Nabokov en su Curso de Literatura Europea (Ediciones B, 1987), que llegó a impartir en Wellesley y Cornell: Al leer, debemos fijarnos en los detalles, acariciarlos. Misma frase aplica para la escritura de un libro o de un guión teatral, la composición de una música y la dirección de una película, sin olvidarnos de todos los elementos que acaban de conformar cada disciplina para crear un todo. Pero, nada de lo anterior valdría la pena sin un público al cual impactar, necesitan de una interacción.
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Durante su curso Nabokov, hizo una pequeña encuesta conformada por diez puntos de los cuales los estudiantes elegirían cuatro para conformar la definición de un lector, aquí los puntos:
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1. Debe pertenecer a un club de lectores.
2. Debe identificarse con el héroe o la heroína.
3. Debe concentrarse en el aspecto socioeconómico.
4. Debe preferir un relato con acción y diálogo a uno sin ellos.
5. Debe haber visto la novela en película.
6. Debe ser un autor embrionario.
7. Debe tener imaginación.
8. Debe tener memoria.
9. Debe tener un diccionario.
10. Debe tener cierto sentido artístico.
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Nabokov cuenta que la mayoría de sus alumnos se fueron por los puntos 2, 3 y 4. Pero un buen lector cumple con los puntos 7, 8, 9 y 10. Pero, desde luego un buen lector es aquel que relee los libros, debido a que el acto de leer consta de un ejercicio complejo que recae en los ojos al moverlos a cada rato de izquierda a derecha, esto según Nabokov, limita nuestra comprensión a profundidad del sentido del libro. Así como con las amistades, se necesita de una familiarización con el libro, para llegar a comprenderlo por completo.
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Más adelante, habla de dos clases de imaginación que puede tener un lector, dixit: En primer lugar, está el tipo, bastante modesto por cierto, que busca apoyo en emociones sencillas y es de naturaleza netamente personal. Sentimos con gran intensidad la situación expuesta en el libro porque nos recuerda algo que nos ha sucedido a nosotros o a alguien a quien conocemos o hemos conocido. O el lector aprecia el libro sobre todo porque evoca un país, un paisaje, un modo de vivir que él recuerda con nostalgia como parte de su propio pasado. O bien, y esto es lo peor que puede hacer el lector, se identifica con uno de los personajes. La segunda imaginación posible y la que Nabokov considera la ideal debe ser: impersonal y la fruición artística. Tiene que establecer un equilibrio armonioso y artístico entre la mente de los lectores y la del autor. Debemos mantenernos un poco distantes y gozar de este distanciamiento –apasionadamente, con lágrimas y estremecimientos- de la textura interna de una determinada obra maestra.
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Como lectores Nabokov pide que sepamos cuándo y dónde refrenar la imaginación; tratando de dilucidar el mundo específico que el autor pone a nuestra disposición. Insiste en que tengamos el temperamento que resulte de la combinación del sentido artístico con el científico. El lector debe tener pasión y paciencia –pasión de artista y paciencia de científico-, para poder gozar de la literatura.
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Aunque al escritor no se le recomienda usar la escritura como un método tipo psicólogo y se proyecte tal cual en la obra, y como parece creer Nabokov, el lector tampoco debe caer en el error de la identificación completa. Es claro y me atrevo a decir que cada lector tiene uno, quizá cinco o más libros que son importantes en nuestra vida, por eso mismo que Nabokov crítica: el recuerdo, la evocación, la identificación y quizá la analogía o metáfora que hacemos de la obra respecto a nuestra vida. O puede darse el caso de que usted, querido lector(a) tenga una biblioteca personal en la cual cada libro tenga un por qué especifico que hace a determinado libro gozar del privilegio de pertenecerle y es que como lector, creo, buscamos cuidar que entra y que no, al lugar más privado por pasiva, y conflictiva por demoníaca: la mente. Y quizá sea el libro el único lugar –a pesar de Nabokov- en donde uno logra psicoanalizarse, proyectarse y hasta identificarse, sirve de amigo y psicólogo.
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Hay lectores que prefieren lo contemporáneo de lo clásico, otros se van por los clásicos sin importar lo que estén diciendo las nuevas voces, existirán los que busquen una biblioteca alimentada de todas las voces, corrientes, épocas y estilos, y habrá quienes lean sólo las obras importantes según la crítica estética para tener un bagaje general, pero invierten más tiempo y pasión en un autor, porque cada libro escrito por él crea en el lector la sensación de: ese libro lo pude haber escrito yo. Cada posición es válida, siempre y cuando tenga una razón sustentada. Después de todo se trata de leer.
 
posted by Alfredo Godínez at 22:54 | Permalink | 0 comments
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