jueves, 6 de marzo de 2008
La Fuga re-inventada (Diario Intolerencia-Cultura-06/03/08)
Con agradecimiento afectuoso al 4° B del bachiller José Sánchez
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La experiencia de dar clases
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Dar clases es una empresa complicada. Se necesita mucha paciencia, devoción y pasión. Es parte de lo que aprendí el gracias a las prácticas docentes que a uno le piden cuando cursa el Taller de Docencia en el Collhi. No existe la palabra suficiente cuando uno imparte clases. Siempre se debe buscar más, aunque el grupo o las circunstancias que conforman a éste no lo permitan.
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Un salón es como un partido de fútbol. En este caso el juego es más disparejo y complejo. El encuentro es uno contra veinte, quizá hasta cincuenta alumnos, cada bando con su estrategia. La del docente consiste en saber aplicar las técnicas, en teoría aprendidas en clase; mientras que el alumno busca imponer su juego: escribir poco, ejercitar poco, tener mayor tiempo de descanso.
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En un salón de veinte alumnos, como el que tuve, se tiene que tener una estrategia general y una particular, en otras palabras, una enfocada a todo el grupo y otra que pueda servirle a aquellos alumnos que llevan un proceso de aprendizaje más avanzado o disciplinado. Lo difícil recae en los procederes individuales que tiene cada salón, pues son poseedores de diversas maneras de encantamiento. Uno como docente puede identificar fácilmente al alumno o alumna que echa relajo, así como su antítesis, pero ¿qué pasa cuando existe una oveja disfrazada de lobo?, sí, resulta que en mi salón tuve dos que tres alumnos que debajo de una esfera relajienta, existía una de aprendizaje. Algo gratificante, pero a la vez problemático. Mientras podían hacerte un ensayo muy rescatable y responder un examen de manera correcta, su indisciplina y haraganería les restaba todo lo ganado en las pruebas finales. Y también existe la otra parte, alumnos que confiados en su esfera de eterna calma, disciplina y atención en las clases, a la hora de las pruebas finales resultaban ser todo lo contrario a lo que ofrecían.
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Es difícil hacer una evaluación muy detallada sobre lo aprendido, creo que un mes no es suficiente, un semestre quizá es más útil. El maestro y el alumno tienen que aprender a entrar en una dinámica concensuada por ambas partes, para eso se necesita tiempo. Mi dinámica intentó asemejarse a un taller, pero el propio grupo me orilló al clásico dictado, era la única forma de tenerlos en calma. Y a la hora de evaluar tuve que recurrir a la revisión detallada de su ortografía. Se me hacía increíble que en un segundo de bachiller, aún escribieran "ablar" en lugar de hablar, o "tube" por tuve. Pero una maestra me ha dicho que eso es comprensible, pues en un dictamen de doctorado uno de los maestros puso: aprobado por hunanimidad.
 
posted by Alfredo Godínez at 22:17 | Permalink | 0 comments
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