jueves, 29 de noviembre de 2007
La Fuga re-inventada (Diario Intolerencia-Cultura-29/11/07)
Buenos lectores 2
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Continuando con lo abordado la semana pasada y para cerrar con Vladimir Nabokov. El autor de Lolita, comenta en la introducción a su Curso de Literatura Europea (Ediciones B, 1987), pero ahora sobre la relación entre la literatura y el escritor:
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La literatura es invención. La ficción es ficción. Calificar a un relato de historia verídica es un insulto al arte y a la verdad. Todo gran escritor es un gran embaucador, como lo es la architramposa Naturaleza. (…) El autor literario no haces más que seguir el ejemplo de la Naturaleza. (…).
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Hay tres puntos de vista desde los que podemos considerar a un escritor: como narrador, como maestro, y como encantador. Un buen escritor combina las tres facetas; pero es la de encantador la que predomina y la que le hace ser un gran escritor. (…).

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Las tres facetas del gran escritor –magia, narración, lección- tienden a mezclarse en una impresión de único y unificado resplandor, ya que la magia del arte puede estar presente en el mismo esqueleto del relato, en el tuétano del pensamiento seco, limpio, organizado, que provocan en nosotros un estremecimiento artístico tan fuerte como puede provocarlo una novela como Mansfield Park o cualquier torrente dickensiano de imaginación sensual. Creo que una buena fórmula para comprobar la calidad de una novela es, en el fondo, una combinación de precisión poética y de intuición científica. Para gozar de esa magia, el lector inteligente lee el libro genial no tanto con el corazón, no tanto con el cerebro, sino más bien con la espina dorsal. Es ahí donde tiene lugar el estremecimiento revelador, aun cuando al leer debamos mantenernos un poco distantes, un poco despegados. Entonces observamos, con un placer a la vez sensual e intelectual, cómo el artista construye su castillo de naipes, y cómo ese castillo se va convirtiendo en un castillo de hermoso acero y cristal.

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Por lo aquí presentado, sin duda, este libro debería estar en nuestro librero, no sólo por el gran prólogo, cuyo fin es acercar al lector a la idea que el autor de Desesperación tenía acerca del oficio de leer y escribir, sino también por los análisis que Nabokov hizo de las obras siguientes: Mansfield Park de Jane Austen, Casa Desolada de Charles Dickens, Madame Bovary de Gustave Flaubert, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson, Por el camino de Swann de Marcel Proust, La metamorfosis de Franz Kafka y Ulises de James Joyce. Para desgracia de todos es un libro ya descontinuado o al menos difícil de conseguir, el que tengo, ni siquiera es mío, es un préstamo hecho al que esto escribe por el autor de Morelos, morir es nada (Planeta 2007).
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Siguiendo esta línea de lectura y escritura, ante los ojos del lector, aparece Leer y escribir (Debate, 2002) de V. S. Naipaul, premio Nobel de Literatura 2001, que en una breve, pero concisa narración va contando al posible lector su experiencia que él tiene y ha tenido con el libro. Sin dejar pasar de largo la opinión particular que tiene de la labor del escritor. Lo rico de este libro es la capacidad que tiene para lograr que el lector se adentre en las experiencias de Naipaul y las haga suyas. Experiencias comunes, sin tanta complejidad.
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Naipaul demuestra en estas páginas, que es una persona de hueso y carne, que disfruta de leer y le fascina escribir. Un libro en el cual el escritor de Al límite de la fe, se desnuda ante el lector, le regala sus entrañas y le dice: mírame, este soy. Despojándose de toda mascara.
Aquí un ejemplo:
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En mis fantasías de ser escritor no había idea alguna de cómo empezar realmente a escribir un libro. Supongo –no podía estar seguro- que en aquella fantasía había una vaga noción de que una vez escrito el primer libro, los demás seguirían como si tal cosa.
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Descubrí que no era así. No lo permitía el material. En aquellos primeros tiempos, cada nuevo libro suponía enfrentarse con el antiguo vacío una vez más y volver al principio. Los libros posteriores surgieron como el primero, impulsado únicamente por el deseo de escribirlos, con una percepción intuitiva, inocente o desesperada de las ideas y los materiales, sin comprender plenamente a dónde podían llevarme. El conocimiento llegaba con la escritura. Con cada libro profundizaba en el conocimiento y en la emoción, y eso desembocaba en una forma de escritura diferente.

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Cada libro suponía una etapa en el proceso de descubrimiento; era irrepetible. Mi material –el pasado, separado de mí también por el espacio- estaba fijado, terminado; no había nada que añadir. Esta forma de escribir lo había agotado. Había llegado al final al cabo de cinco años. Mi imaginación para la escritura era como una pizarra llena de garabatos, borrada en algunas partes y limpia al final: tabla rasa.

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Naipaul y Nabokov, dos autores que deben leerse para aquel que empieza su viaje por la literatura, pero también para el lector que busca enriquecer su biblioteca personal.
 
posted by Alfredo Godínez at 23:22 | Permalink |


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